MEDITACIÓN SONORA

meditación y vaivén

meditación y vaivén

by Claudia Campos -
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Comento que tuve que intentar el ejercicio unas 3 veces, por temas de cansancio un día o ruido mental otro día. Imagino que se debió a que nunca me había propuesto la meditación, pero estoy agradecida por el ejercicio que me permitió tener esa apertura. 

Tomé el vaso de agua, preparé el otro y me recosté sobre mi cama, siguiendo las indicaciones. Me coloqué los audífonos y di play al video. 

Empecé a introducirme con la primera vibración que aparecía, la que permanece durante la mayor parte del video. Un sonido más comenzó a aparecer, y en un momento mi respiración se sincronizó con él, hasta que se alejó y me quedé con mi propio sonido de respiro. Se acoplaron a esa línea de sonido una suerte de voces que me hicieron sentir como una vaivén en la cabeza, ligero, suave, acompasado y comprensivo; me sentía unificada con ellos, o "eso", en ese movimiento. Esa sensación de agradable vaivén fue recurrente durante toda la meditación. De pronto comencé a conmoverme, pero emocional y corporalmente. Mi cuerpo tiene memoria de esa sensación cuando ha escuchado alguna música instrumental que toca fibra: un hormigueo que, más que expandirse, se desplaza en un viaje juguetón por ciertas partes del cuerpo. No sé por qué, los suelo tener en la zona del pecho y de los brazos, y fue lo que sucedió esta vez. Puede que haya llegado hasta las caderas y piernas ligeramente, pero fue  más intenso en toda mi parte superior. Era como una sonrisa pacífica del cuerpo. Mi consciencia sobre mi respiración se intensificó, por momentos más, por momentos menos. Volvía la línea de vibración y sentía que estaba sobre una línea horizontal luminosa, pero no en una sensación de verla, sino de estar sobre ella, como si se proyectara a partir de mí. Sobre esa línea de a ratos aparecían destellos, tímidos toques de alguna campana, que las sentía como una gota calma que ha caído sobre el agua. Era como un destello que genera un fugaz y leve contraste sobre esa vibración constante, como recordándome que estoy en una suerte de espacio liminal, o así se siente. Luego sentía halos de agua que se turnaban en aparecer, en un ritmo dinámico, a ambos lados de mí. Comencé a "sentir" azul con esos halos de sonido, no tan leves como los destellos, pero sí ligeros. No sé si el sonido de la vibración se acompasó a mi respiración o ella a él, pero me recordó al momento en el cual mi gata se acurruca encima de mi pecho y comienza a ronronear. La vibración sensorial y su sonido se perciben curativos, en un sentido unificador y armónico con lo que percibo en dicho instante. Esa es una parte de la conclusión que sentí al salir de la meditación.

Abrí los ojos lentamente, pero me demoré más con la respiración, de forma adrede. Me levanté con cuidado y tomé el vaso de agua. Sentí a un lado de mi cuerpo el calor de mis dos gatos que en algún momento se acurrucaron conmigo durante el ejercicio, aproveché su calor pues tenía las manos muy frías (sobre todo porque aquí ya es invierno). Me sentía muy tranquila, decidí prender la luz luego de unos minutos de procesar mental y corporalmente lo que había transitado. Mi respiración se sentía más profunda y fluida, o más limpia, y era bastante agradable. No lo describiría como una felicidad en sí, sino como una satisfacción, una gratitud de mi Ser por permitir oírse y sentirse, por dentro y por fuera.